La caja fuerte

Aquest és el relat amb el que he quedat finalista al concurso de relatos para personas mayores de RNE.

En la foto, con Soledad Puértolas, miembro del jurado que me entregó el trofeo.

La caja fuerte

Desde aquel día peregrino de ciudad en ciudad, no paro en pueblos porque lo que busco es pasar desapercibida, por eso en cuanto me encuentro con alguien más de una vez pienso que me están vigilando y, según como vea la cosa, desaparezco.

Llevo así casi un año y he vivido ya en cuatro ciudades diferentes desde que salí de Medellín. El dinero no es problema, podría vivir de esta manera, sin trabajar, los sesenta años que calculo que me deben quedar. Pero sí lo es el aburrimiento. Pensar en toda la vida en la que el único proyecto sea conservarla, vigilando para que no me encuentren, sin poder establecer relación con nadie y con la única ocupación de transformar en pesos lo que llevo puesto, me horroriza.

Aquel día, cuando eché a correr en la noche dejando a Ernesto muerto en aquel apartamento del piso veintiuno con vistas a toda la ciudad de Medellín, solo se me ocurrió coger mi ropa interior de seguridad y olvidé mi pasaporte. No me atrevo a ir al consulado diciendo que lo he perdido porque supongo que intervendría la policía y a no ser que me desprenda de todo lo que llevo siempre encima, las cosas se me complicarían aún más. Pero me gustaría volver a casa, lejos de este país que me dio amor, que me ha dado dinero, pero al precio de perder lo primero y no poder disfrutar de lo segundo.

Con Ernesto todo fue maravilloso. Por él dejé mi vida en España y me vine aquí. Con él. Y nunca pregunté ¿Para qué complicarme la vida pensando en el origen del dinero que manejábamos a espuertas?

Hasta que él me propuso aquello, usar mi cuerpo como caja fuerte, que a mí me pareció primero un disparate y después una buena idea, a la vez que prendió en mí la mecha de un miedo que iba corriendo hasta que llegó a la explosión final de aquella noche.

Mientras los dos encapuchados se ensañaban con Ernesto preguntándole dónde lo tenía todo, yo conseguí esconderme en un armario hasta que se fueron, pero entonces él ya estaba muerto y yo… bueno, yo solo pensé en salvar la vida y llevarme la pasta.

Y así llevo, de peregrina, de aquí para allá, hasta que hoy se me ha acabado todo. Tanto vigilar y no lo había visto nunca. Él sí sabía de mí.

Te llevo buscando tanto tiempo, me dijo.

 ¿Me estás espiando?, fue la pregunta absurda que se me ocurrió cuándo sacó la pistola. Solo dijo que era una lástima que una mujer como yo tuviera que desaparecer, pero que así estaban las cosas, no querían testigos. Y disparó. Morí riéndome al pensar en la sorpresa del forense cuando descubriera que mi pecho espectacular y mi culo respingón quedaban en nada al quitarme sostenes y bragas rellenos de diamantes.

Un pensament sobre “La caja fuerte

Deixa un comentari

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

Esteu comentant fent servir el compte WordPress.com. Log Out /  Canvia )

Twitter picture

Esteu comentant fent servir el compte Twitter. Log Out /  Canvia )

Facebook photo

Esteu comentant fent servir el compte Facebook. Log Out /  Canvia )

S'està connectant a %s